Estampa señera donde las haya del Puerto de la Cruz, sobre todo por la emblemática embarcación de la Virgen del Carmen durante cada mes de julio, el muelle pesquero portuense resume siglos de vinculación del norteño con el mar y mantiene las esencias etnográficas de un orgulloso pueblo de pescadores que siempre se abrió al mundo y sirvió de referente cultural. Junto a la no menos famosa plaza del Charco y a la espera del anhelado puerto deportivo y pesquero, el muelle es un punto habitual de baño, de partida para submarinistas y de pescadores de la cofradía local o simples amantes del sedal y la caña. Una variada oferta gastronómica y de ocio hacen el resto.