Una de las obras más emblemáticas del artista lanzaroteño y universal César Manrique se convirtió en los años 70 del siglo XX en un símbolo del turismo en Canarias, España y casi Europa. Diversas y excelentes piscinas culminadas por una central verdaderamente espectacular, que acoge en su célebre isla el casino de la ciudad desde hace años, no dejan indiferente a nadie si lo que se busca es descansar, disfrutar del sol y bañarse con tranquilidad y sin los sobresaltos del mar abierto. Infinidad de servicios, vistas al Teide, hacia el Nordeste y el Noroeste, así como una esmerada atención harán el resto para que lo pase en grande en un punto ineludible en cualquier visita a Tenerife y al Norte, rodeado de hoteles, restaurantes, arte callejero y paseos. Imprescindible.